Maternidad redefinida: las mujeres en Argentina tienen cada vez
menos hijos y a edades más avanzadas
Malena Acevedo
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Jesica tiene 37 años, es abogada y lleva casi dos décadas en pareja. Trabaja de lunes a viernes durante ocho horas diarias y dedica los fines de semana a compartir tiempo con sus padres, abuela, hermanos y ahijada. Su decisión de postergar la maternidad tiene que ver con haber priorizado “crecer en la profesión, sentirse madura para tomar esa decisión, tener un buen sostén económico, viajar y disfrutar de la pareja”.
Recién ahora ambos están pensando en ser padres al tener “seguridad laboral, de pareja y económica”. Además, Jesica comenta que tener un hijo significaría ajustarse a nuevas responsabilidades y compromisos, y renunciar temporalmente a la independencia y la libertad de tomar decisiones sin tener que considerar las necesidades de un niño pequeño que requiere cuidado constante.
La historia de Jesica no es única ni aislada. En los últimos años, la maternidad en Argentina fue redefinida por una nueva generación de mujeres que eligen cuándo y cuántos hijos tener, postergando cada vez más el momento de convertirse en madres. La presión social para ser madre a una edad temprana disminuyó, lo que permite que las prioridades personales y profesionales cobren mayor protagonismo.
Según el informe “La mujer en el contexto familiar argentino” del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral, la edad promedio de las madres al dar a luz aumentó en las últimas décadas. Esta tendencia, reflejada tanto en los datos como en las historias de vida de muchas argentinas, muestra una sociedad en evolución que se está adaptando a los tiempos modernos y sus desafíos.
Hace menos de diez años, la mayoría de los nacimientos ocurrían en mujeres de 20 a 24 años. Actualmente, la mayoría de los nacimientos se dan en mujeres de 25 a 29 años, seguidas por las de 30 a 34. Y a su vez, se observó un incremento en la maternidad en mujeres de 35 a 39 y de 40 a 44 años.
Motivos para no ser madres: los desafíos en la maternidad y una vida más allá de la crianza
Florencia Sichel, filósofa que habla sobre maternidad y autora del newsletter “Hartas”, explica que una de las principales razones por las cuales personas entre 30 y 40 deciden no tener hijos tiene que ver con lo económico. “Hay un montón de proyectos que uno pensaba alcanzar a los 30 o 40, como un trabajo estable o una casa propia, que hoy no suceden”, describe.
La inestabilidad económica representa un gran desafío en Argentina al considerar la posibilidad de tener hijos. Victoria Viola, creadora del podcast Comadre y madre de un niño de 6 años, cuenta: “Por supuesto que se puede maternar mucho más económico que lo que yo materno, pero igual es caro tener un hijo”.
En octubre 2025, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos, la canasta de crianza mensual arrojó las siguientes cifras: $436.988 para menores de un año, $519.193 para los niños y niñas de 1 a 3 años, $436.138 para los de 4 a 5 años y $548.636 para los de 6 a 12 años. Este valor se desglosa en dos componentes los que determinan el valor final: uno para bienes y servicios y otro para los cuidados.
En este sentido, Sichel remarca: “Hay algo del mundo actual que no resuena ni resulta muy hospitalario para pensar en traer un hijo al mundo”.
Otros de los motivos por los cuales actualmente las mujeres eligen no maternar tienen que ver con que es muy difícil equilibrar una vida profesional con las responsabilidades del hogar y la crianza, y además mantener una vida social.
“Esto tiene que ver con que de alguna manera abandonamos la idea de la madre más abnegada o sacrificada, que durante muchos años se ha quedado exclusivamente en la feria privada del hogar”, detalla Sichel.
Y agrega que a las tareas que implican una crianza presente “se le suman un montón de exigencias del ámbito público como trabajar, verse bien y tener una vida social”. Esto refleja algunos de los problemas contemporáneos a la hora de pensar en la posibilidad de maternar.
Viola coincide con la mirada de Sichel y sostiene: “Maternar es postergarse a una misma. Es dejar de ser individualista y postergar la joda, los viajes, el laburo. Desde el trabajo y los vínculos hasta las aventuras. Lo que se posterga es la libertad sexual, económica y profesional. Cuando parís al menos por un tiempo todo eso entra en pausa”.
Por otro lado, enfatiza en que existe el mandato de la “superwoman”, que impone a la mujer la expectativa de poder con todo: “Que la rompa en mi carrera, que no desatienda mi trabajo, que sea activa en la pareja, que luzca bien, que cuide bien a mi hijo”. Y en contraste, hay otro mandato que invita a dedicarse exclusivamente al bebé.
También un aspecto no menor que menciona la filósofa Sichel tiene ver con que “en que cuanto más se visibiliza todo lo que implica tener un hijo, bien uno podría decir ‘no me quiero meter en eso’”. Al mismo tiempo la creadora del podcast Comadre asegura: “Las mujeres tienen mucha más información hoy en día sobre lo que implica maternar. Nada mejor que entrar a ese mundo con la mayor cantidad de información posible”.
¿Cuánto es deseo y cuánto mandato?
En medio de una de las crisis económicas más profundas de Argentina, se evidencia un significativo descenso en la tasa de natalidad en el país. Actualmente, hay 260.000 nacimientos menos por año que hace una década. Esta situación refleja un profundo cambio cultural entre las generaciones más jóvenes, no solo en el país sino también a nivel global.
La población joven de Argentina está dejando de lado las tradiciones arraigadas como el matrimonio, la formación de familias y la crianza de hijos. En su lugar, priorizan otros proyectos y metas como el desarrollo de una carrera profesional, la estabilidad económica, la tranquilidad personal e incluso un nuevo concepto de libertad que implica invertir más tiempo y recursos en sí mismos.
Sofía de 20 años está en pareja. Ellos suelen charlar sobre la decisión de convertirse en padres en algún momento de sus vidas. Sin embargo, lo ven como algo muy lejano. Ambos afirman: “Antes de los 30 no”. Si bien los dos tienen trabajo, aún viven con sus padres y no ven la posibilidad de vivir juntos ni de poder independizarse por completo en un futuro cercano. Y por lo tanto menos poder criar y afrontar todos los gastos que conlleva tener un hijo. Además, quieren experimentar en el ámbito profesional, disfrutar de viajar y otras experiencias antes de dar ese paso.
Sichel expone que “pensar el deseo materno es súper complejo”. Y argumenta: “Lo venimos acarreando desde hace muchos años. Estamos en una sociedad en la que desde muy chicas somos educadas para cuidar y para tener hijos e hijas”.
La autora del newsletter “Hartas” manifiesta que es muy difícil distinguir por qué una es madre, qué la hace ser madre o por qué lo elegimos. Ahí es cuando el ahelo aparece y se manifiesta. “El deseo es algo que te mueve, que te agarra, que te toma de sorpresa", aclara.
"Yo decidí ser madre porque en algún momento se instaló una pregunta de la cual me hice cargo y que me daba curiosidad, y lo volví a elegir porque me gusta. Hay algo del deseo nuevamente y de la pasión de un proyecto que me genera entusiasmo del cual me quise hacer cargo junto a mi pareja”, cuenta sobre su experiencia personal.
El reloj biológico más allá de la decisión
Hoy en día, la edad en que las mujeres eligen ser madres no siempre coincide con su reloj biológico. Los cambios sociales y culturales de los últimos años no concuerdan necesariamente con las condiciones más favorables para la maternidad según los estándares fisiológicos. Ni tampoco con los planes de las generaciones más jóvenes del país. Tanto de las mujeres como de los hombres.
El informe de la Universidad Austral anticipa “un futuro cada vez más proclive al uso de distintos procedimientos médico-científicos para alcanzar la reproducción”. Además, señala: “A pesar de los cambios sociales y médicos, la ventana reproductiva de la mujer sigue estando entre los 20 y los 30 años”.
Si bien actualmente existen múltiples tratamientos de fertilidad asistida disponibles para las personas gestantes que desean tener hijos a edad avanzada, la ginecóloga Estela Pristupin, @ginecoinclusiva en Instagram, explica: “Hay un cambio social muy importante pero la biología no acompaña eso. Después de determinada edad hay una disminución de la reserva ovárica, hay un aumento de los abortos espontáneos y de las malformaciones”.
Antes, la mayoría aspiraba a tener hijos en algún momento, considerándolo parte natural del camino hacia la vida adulta. Sin embargo, en la actualidad, muchas mujeres no tienen la maternidad como un objetivo central en sus proyectos de vida.
“Uno no puede recetar un embarazo sin que el paciente termine de desearlo, o sin estar en la situación que quisiera. Pero tampoco hay seguridad de que si uno pasa los 35, 37 o 40 años va a poder gestar sin problemas”, afirma Pristupin.




